Nos da un poco de envidia la arena.…
No por nada, es que ella puede tocar el mar. También puede tocarte a ti, bajo tus pies, cuando te tumbas, cuando juegas o caminas por la orilla.
Nosotras solo podemos mirar…
¿Qué esperan encontrar? ¿Qué pensarán? ¿Creen que mar adentro está lo que no tienen, o solamente se sienten un poco mejor cuando se dan cuenta de lo pequeños que son en realidad?
Poca gente nos mira a nosotras, aunque nosotras siempre les miramos a ellos.
Solo cuando alguien se para y levanta la cabeza, se da cuenta de que siempre hemos estado ahí y siempre estaremos, como adornos para que el cielo no sea un lienzo vacío y puedan jugar a juntarnos, creando formas e ilusiones.
Quizá ahí está nuestro secreto: hay quien solo ve luces, pero para los que viajan y sueñan, somos como guías.
Una de nosotras pasa rápido y se desvanece después de iluminar el cielo. Huye… se esconde… ¿como si tuviera miedo de brillar?
Aquí va un conjuro secreto: una noche, cuando estés junto a la orilla, hunde tus pies, concéntrate en el romper de las olas y míranos a los ojos durante un minuto al menos. A partir de ese día, cuando nos necesites, tan solo cierra los ojos y recuerda el sonido del mar…
¿Cuándo fue la última vez que nos viste con los ojos cerrados?
Firmado, las estrellas.


