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El Faro

— Enhorabuena, Evaristo: es una obra magnífica.

— Muchas gracias don Leonardo, siempre inspirado por usted… y gracias por el honor de estar presente en la inauguración. ¿Qué hará ahora?

— Pues… creo que después de esto me retiraré.

Y efectivamente, en el año de 1.904 Leonardo de Tejada, que había llegado a ser presidente del Consejo de Obras Públicas, se retiró de la actividad profesional.

Esa misma mañana nublada, los dos ingenieros paseaban por la ría de Nervión, recién terminadas las obras del puerto de Bilbao, que traería luz a la ciudad y la convertiría en uno de los mejores y más seguros puertos de España. Años antes, los dos colegas habían llevado también la luz -nunca mejor dicho-, a las costas de Murcia, en Cabo de Palos, desarrollando el proyecto y la construcción de su famoso faro.

En 1.862 Leonardo de Tejada diseñó los planos, y en 1.863 Evaristo de Churruca dirigió su construcción. La idea era simple: alumbrar la costa en 20km a la redonda y ser visible a 40km mar adentro, para evitar posibles naufragios, al ser una zona peligrosa por los bajos del propio cabo, que se extienden hasta las Islas Hormigas. El gran faro vino a reforzar la visibilidad del faro más antiguo y pequeño situado en el islote Hormiga.

En la noche del 31 de Diciembre de 1.965…

a 81 metros sobre el nivel del mar, las mechas prendían el aceite de oliva que servía de combustible para alumbrar el faro… y así seguirían hasta prácticamente 100 años después cuando, primero el petróleo, y luego la red eléctrica, modernizaron el sistema de alumbrado.

Años antes, el Cabo, todavía sin faro, había sido testigo de la tragedia del vapor italiano “Sirio” (el naufragio civil más importante del Mediterráneo, con 550 víctimas mortales), y del “Isla Gomera” (que con el tiempo se conocería como “Naranjito”, por el cargamento de naranjas que transportaba y que quedaron esparcidas por el mar), aunque en ninguno de los dos accidentes fuera crítica la visibilidad.

Pero sin duda, los peligros de esta costa influyeron en la decisión de la construcción del faro que, desde entonces y durante más de 40 años, se convirtió en sede de la escuela de fareros, y todavía hoy se erige como el “vigía silencioso” que sigue velando por la seguridad de la navegación del litoral murciano.

Además de su función civil, se ha convertido también en un emblema, por su arquitectura singular y su porte majestuoso y… ¡atención!, por si no lo sabías, se puede visitar su interior en grupos máximos de 10 personas cada 30 minutos, los 365 días del año, disfrutando de unas vistas impresionantes del cabo y de la Manga.

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