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Noches estrelladas

Nos da un poco de envidia la arena.…

No por nada, es que ella puede tocar el mar. También puede tocarte a ti, bajo tus pies, cuando te tumbas, cuando juegas o caminas por la orilla.

Nosotras solo podemos mirar…

Pero es muy bonito lo que vemos. Cuando la luna nos deja, podemos ver los contornos del faro, que da vueltas y vueltas con su propia luz, como si quisiera brillar más que nosotras… También podemos ver su reflejo en el agua… la espuma que muere en la orilla no es más que destellos gastados de luna, cuando el mar se ha cansado de jugar con ellos y los acerca a la orilla para que la arena los toque. Hay poca gente en la playa cuando nosotras miramos. Muchos prefieren otras luces… las de los coches, las de las farolas o las de un restaurante bonito… incluso las de las pantallas de los móviles. De vez en cuando una pareja pasea por la orilla, con las zapatillas en las manos y los pantalones remangados. Los hay que van rápido y los hay que simplemente pasean. Los hay que se paran y se besan arropados por la noche. Los hay que se sientan y miran al infinito dentro del mar.

¿Qué esperan encontrar? ¿Qué pensarán? ¿Creen que mar adentro está lo que no tienen, o solamente se sienten un poco mejor cuando se dan cuenta de lo pequeños que son en realidad?

Poca gente nos mira a nosotras, aunque nosotras siempre les miramos a ellos.

Solo cuando alguien se para y levanta la cabeza, se da cuenta de que siempre hemos estado ahí y siempre estaremos, como adornos para que el cielo no sea un lienzo vacío y puedan jugar a juntarnos, creando formas e ilusiones.

Quizá ahí está nuestro secreto: hay quien solo ve luces, pero para los que viajan y sueñan, somos como guías.

Una de nosotras pasa rápido y se desvanece después de iluminar el cielo. Huye… se esconde… ¿como si tuviera miedo de brillar?

Aquí va un conjuro secreto: una noche, cuando estés junto a la orilla, hunde tus pies, concéntrate en el romper de las olas y míranos a los ojos durante un minuto al menos. A partir de ese día, cuando nos necesites, tan solo cierra los ojos y recuerda el sonido del mar…

¿Cuándo fue la última vez que nos viste con los ojos cerrados?

Firmado, las estrellas.

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