A las 16:00 horas del 4 de agosto de 1906, iba a tener lugar frente a Cabo de Palos el mayor naufragio habido nunca en el Mediterráneo…
Aún quedaban cinco años para que el Titanic protagonizara el naufragio más famoso de la historia… y sin embargo, el del “Sirio”, sería también toda una tragedia.
Con la brisa marina que los 15 nudos de velocidad arrastraban hasta la proa, y en medio de un calor sofocante, Cayetano Tarantino, el tercer oficial a bordo del vapor genovés “Sirio”, advierte al capitán Piccone de que van demasiado rápido, demasiado cerca de la costa, y por una zona de bajos fondos que aparecían en todas las cartas marítimas de la época.
Sin embargo, Giusseppe Piccone, experto navegante de 68 años, quería llegar a Buenos Aires en menos de tres semanas, en el que sería su último viaje antes de retirarse. Eso, y que tenía en mente hacer una parada no oficial para recoger un nuevo cargamento ilegal de inmigrantes. Sea como fuere, las decisiones de Piccone costarían más de 300 vidas ese día.
Vicente Buigues, dueño del pesquero murciano “Joven Miguel” no podía creer lo que veía mientras faenaba a pocas millas de la costa. Un enorme transatlántico de más de 4mil toneladas de peso, pintado de negro, rojo y blanco, con 129 metros de eslora, dos chimeneas de vapor y tres mástiles, que había sido la envidia del resto de navieras de la época, emergía del agua con la proa levantada en ángulo de 35 grados, mientras una negra columna de humo negro se elevaba al cielo y terribles lenguas de fuego devoraban la cubierta, tras el estallido de las calderas al chocar el casco contra los bajos.
Con gran riesgo para su vida y para su patrimonio, consiguió salvar a algunos de los naufragados, acercándose al buque en una acción tan heroica como temeraria. Fue de los pocos que se arrimaron al Sirio ese día.
El pecio (así se le llama a los restos de un barco hundido) del Sirio reposa a casi 50 metros de profundidad en las Islas Hormigas frente a Cabo de Palos, no muy lejos de otro pecio famoso: “El Naranjito”, que en realidad se llamaba “Isla de la Gomera”, un pequeño carguero que se hundió con un cargamento de naranjas que quedaron flotando a la deriva…
Hoy en día, las Islas hormigas se han convertido en una reserva marina con un enorme atractivo natural que, sumado a la exploración de estos pecios, hacen de la reserva uno de los destinos más atractivos del Mediterráneo para la práctica del buceo.
Los buceadores de National Geographic, acompañados por el aventurero local Balky, contaban al terminar la exploración del Sirio:
“Asciendo de nuevo a la superficie. Con el sabor de la sal en los labios, y entre el vaivén del oleaje, veo el faro de las Hormigas y el de Cabo de Palos, tan cerca y tan lejos como debieron de verlos quienes cayeron al mar. Si cierro los ojos, oigo sus gritos, entre los chillidos de las gaviotas.”
Quizá en los días de verano, el viento de levante aún lleve las canciones alegres de los pasajeros italianos que consiguieron salvarse…
“E da Genova il Sirio
partiva per l’America al suo destin,
ed a bordo cantar si sentivano
tutti allegri a varcare il confin…”
“Y de Génova el Sirio
partió hacia América hacia su destino,
y se escuchaban cantos a bordo,
todos felices de cruzar la frontera…”


