Es fácil hablar ahora, cómodamente vestidos.
Total, ahora casi nadie nos ve. Puedes estar con el carro de la compra, conduciendo, esperando al ascensor o paseando al perro, que nadie se va a fijar en nosotros. Bueno, no es que nos importe mucho, de momento.
Pero luego en verano te acordarás, claro.
Por eso, esta vez podías pensar un poco más en nosotros y llevarnos a un sitio donde no te obliguemos a ir de puntillas. Un sitio donde podamos estar tranquilitos en el agua, sintiendo el fresquito al enterrarnos y volver a salir, solo por el placer de hacerlo.
O donde puedas hacer algo tan intrascendente (pero relajante) como pasarte un puñado de mano en mano, como un reloj de arena, pero sin tener que contar los minutos… ni las horas.
O hacerte un montoncito bajo la toalla como si fuera una almohada y recostarte en ella.
O jugar al fútbol o a las palas con los niños, o hacer los mejores castillos…
O darte el gusto de pasear despacio y sentir la suavidad de la arena mojada y pulida, viendo cómo nuestras huellas se marcan y se borran con cada nueva ola cargada de espuma que rompe en la orilla…
Por favor, este verano… queremos arena fina.
Firmado, tus pies.


